Corazón de piedra (última parte)

 

Y a pesar de todo, aun tuvieron que sufrir cuando sus nuevos inquilinos, seres amados ya por ellas, sufrieron el acoso, el insulto y la vergüenza, de personas sin pena ni corazón, que sin querer ver el trabajo, el calor y cariño, del cual habían dotado a estos lugares remotos, donde el alma sonriente de la vida simple y perecedera, hacia mucho que no existía…

Aquellas personas intentaron quebrar la paz, la alegría que allí reinaba, intentaron echar a estas nuevas gentes, a las que las piedras estaban eternamente agradecidas.

Decían algo de que no tenían derecho a vivir allí, no tenían propiedad. Las piedras no entendían bien, pero lo que si sabían era, que no iban a permitir que estas sus nuevas y amadas gentes, tuvieran que irse… no, ellas no querían otra vez, aquella soledad amarga y perdurable, aquellos días de invierno gélidos, en que el viento silbaba incesante entre los resquicios… solo de pensarlo temblaban de frió, ira y tristeza, no tenían derecho a robarles de nuevo la ilusión, la dicha que les producía el silbar cantarin, tan distinto al del frió viento del invierno, de los niños entre sus calles, el correr, danzar y saltar, de aquellos pies descalzos que las acariciaban suavemente, la visión hermosísima de los campos y las huertas cultivadas, todo aquel calor que aquellas nuevas gentes les habían dado…

Y aunque fueran distintas de todas las que conocían, por que lo eran, las amaban con un amor lleno de agradecimiento; y así se hicieron fuertes, intentando por todos los medios de los que disponían, que eran muchos, los de la fuerza bruta de las piedras pesadas y la dureza petrificada de sus fuertes corazones que ahora tenían algo, una esperanza por la que luchar, ayudar a esas sus gentes, en esa lucha por la supervivencia, por el derecho a vivir de cada ser en este mundo, por el derecho a elegir vivir en la alegría, la dicha y el alborozo de un nuevo mundo, al que nuestras piedras estaban entrando, con toda la fuerza del que no tiene nada que perder y lo tiene todo ganado por el ímpetu de su amor; amor a la vida…

Y así fue como, con esa fuerza unida, de las piedras y sus gentes, consiguieron ganar la partida al mundo austero de palabras huecas, que no entendían la palabra soledad, la palabra amor… y allí se quedaron morando, en su pequeño nuevo mundo, observando de nuevo el crecer entre sus paredes del milagro de la vida; vida de aquellos niños que fueron creciendo, vida también de aquellos que venían al mundo con su primer llanto sereno, que se hacia eco en las estancias, y que estas, nuestras compañeras las piedras, guardaban como un tesoro de brillantes colores, en lo mas profundo de sus corazones…

IMGP2074 reducida

 

Allí quedaron y allí perduran todavía, agradecidas a la vida que por fin recuperaron, ellas tuvieron suerte, no para todas fue así, muchas descansan aun en estos pueblos abandonados, amontonadas unas sobre otras, esperando quizá que cambie la vida, y puedan recuperar su sentido, su lugar… sentido y razón para ser lo que son. Piedras que juntas formaban paredes, arcos, portales y juntas deberían ser un hogar, una morada en la que cobijarse, dar abrigo y calor a sus gentes… pero ahí están esperando, siempre esperando, solas en su lugar…

Así termina esta historia, hasta aquí se la hemos contado, aunque ya se sabe que siendo un fin, ¿que es? sino también un comienzo glorioso de otras historias, de las muchas que pueden contarnos estas piedras y rocas, que ante toda incredulidad y creencia errante, hablan, susurran, gritan, cantan para los oídos atentos, las miradas repletas y los corazones silenciosos, que ante ese silencio, hacen un hueco al sentir del tiempo y la distancia, y así se llenan, repletos de susurros, palabras que unidas cuentan historias, las historias de estos lugares vacíos o recuperados, pero todos formando poemas, cuentos, canciones…

Mostrando, para el que escucha, una forma de vida que murió en el silencio, y que a pesar de todo quedara siempre en la memoria, sustituida en estos tiempos, por otras historias, otros recuerdos, otras formas de vida, que están dando lugar a esta nueva manera de vivir, de recuperar parte de lo que parecía muerto y olvidado, de hacer honor al recuerdo y a la vida que se merecen estos lugares, y que si los dejamos, tiene mucho que enseñarnos de una manera de vivir, que aunque distinta a la que estas piedras conocían, sigue teniendo mucho de lo que es el placer de las cosas simples, el seguir de las estaciones cambiantes, y el recuperar ese conocimiento a veces silencioso de los secretos escondidos que, entre sus paredes, alcobas, bodegas y despensas, nuestras amadas piedras guardan, como ese don supremo que las enseño a ver, a llorar, a mar todo lo que entre sus patios, alcobas, terrazas y huertas tiene lugar, todo lo que es la vida, el don de vibrar, a pesar del silencio pétreo, en el que parecen habitar…

 

                                                      FIN

 

bueno, ahora si que si, esto es todo, espero que os haya gustado…

 

 

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